jueves, 24 de mayo de 2012

Thanks for making me a fighter

Hoy apenas he parado por casa. Esos son mis días, los que estoy tan ocupada yendo de un sitio a otro que no puedo ni pararme a pensar en tontadas. Me gustan estos días.

Me he pasado por la uni a recoger el SET dichoso (¡por fin puedo ir a pedir trabajo a Tombuctú! ¡El sueño de mi vida!) y he aprovechado para hacer una paradita en la cafetería y recordar viejos tiempos. Ay, qué bonito es ver la universidad desde los ojos de alguien que no está bajo el yugo de los exámenes o cuya vida social no se encuentra sepultada bajo la pila de prácticas pendientes... Como con el tiempo sólo se acaba recordando lo bueno, me ha entrado mucha morriña. Cosas que echo de menos de la uni: los colegas, las horas muertas en la terracita de la cafetería, el capuccino (y que me lo pongan las camareras majas diciéndome: "aquí tienes, cariño"), remolonear en el césped, los ratos buscando libros raros en la biblioteca de Humanidades, las conversaciones de los otros universitarios frikis, el busero rockero (siempre con algún chascarrillo que dedicarme), empaparme con la fuente de la cafetería... Ea, que mañana vuelvo otra vez a por el SET. O a por otro capuccino de estos a los que me vicié el penúltimo año (después del chocolate amargo y la coca-cola light, la mejor dronja de la uni).

Ay, y tú que creías que no lo conseguiríamos, Carlitos...

Luego he enfilado hacia Parquesur. Resulta que Jack Johnson (& friends) ha sacado disco nuevo... ¡y no me ha avisado! JJ, tú antes molabas...


Y después de un par de compras solidarias (y unas Converse con un precio muy poco solidario para mi bolsillo) he pisado en casa como quince minutos antes de irme al cole. Me han visto los moratones y les he dicho que en un rato iba a hacerme más. Cuando me han preguntado por qué, les he contestado que por las tardes soy superhéroe. Por cierto, he tenido una premonición: la obra de fin de curso va a ser un desastre. Pero, oiga, yo he hecho lo que he podido con lo que me han dado y la creciente paciencia que estoy cultivando estos días. Eso sí, al próximo niño que me llame "mami" le corto las orejas, así, con cariño y eso. 

Y luego cooorre que te corre a casa a dejar la bici y a cambiarla por la mochila de kárate. Y a la aventura, porque después del incidente de la semana pasada, si hubiera acabado en Somalilandia no me hubiera extrañado lo más mínimo. De camino a la parada del autobús me he encontrado con el señor que me saluda por la calle todos los días desde este verano (el del taller... y encima es del Atleti) que me ha preguntado si hoy no iba en bici. Em, sí, en mi bici trasparente. Después de un corto trayecto en bus (y de que el busero me vacilara un poquito), he hecho un largo trayecto a pata mientras observaba cómo el segundo autobús se perdía en la lejanía por culpa de un semáforo en rojo.

Justo cuando estaba mirando la lista de autobuses de la marquesina con cara de turista desorientada ha parado un autobús y me ha abierto la puerta. "¿Subes?", me ha dicho el busero. Me han dado ganas de contestarle que primero me invitara a cenar, o algo. Ha resultado ser el misterioso autobús desaparecido, el que se suponía que ya no pasaba y por el que me perdí más que Wally en el Vicente Calderón. Le he preguntado si paraba donde me tenía que bajar y le he contado a grandes rasgos lo que me pasó con el otro autobús que me dejó en mitad de una urbanización abandonada de la mano de Blas. El tío ha aprovechado para vacilarme un poquito (¿por qué todos los buseros me vacilan, jo?), aunque me ha hecho reír bastante. Cuando me he bajado hasta se ha despedido de mí y todo. Así que, después de otro corto trayecto en bus, me he hecho otro largo trayecto andando hasta llegar al gimnasio.

Y, hale, a entrenar. Con el gemelo hecho fosfatina, el empeine desmigajado, los brazos y las piernas llenos de cardenales... a pegarnos un poquito. Y gracias, que anoche le tuve que enseñar a mi pobre madre a dar un masaje de emergencia en el gemelo, porque de lo que me dolía, no podía hacérmelo yo. Unos lagrimones... Aunque de la visita al fisio no creo que me libre. Después de pagarle la universidad a sus hijos, vamos con los posgrados.

En fin, que ahora que por fin he sentado el papo más de diez minutos seguidos, voy a ponerme la finale de Glee. Sé que no va a ser indoloro, pero mejor pasarlo cuanto antes...

Ay, la conversación en ese banco... Cuantísimo me he acordado hoy de eso.

Tantas horas aquí tirados a la bartola...

Y tantas despedidas bajo esta pérgola...

Y tantas carreras para coger el autobús...

¿Creéis que habéis pasado mucho tiempo en una parada de autobús? Me gustaría saber la cantidad total de horas que pasé yo debajo de esta. Además, es de esas paradas divertidas con terraplén delante, justo lo necesario para que se forme charco y los coches te empapen según pasan. Una delicia en invierno.

Verde...

Y más verde...

Siempre me ha parecido curiosa la hostilidad que emana el edificio de Periodismo desde fuera. No es que por dentro sea lo más acogedor del mundo, pero tiene su encanto propio.

Con el próximo capuccino, más. Más morriña y más nostalgia, vamos.

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