jueves, 14 de junio de 2012

Come on, vogue

Hale, ya puedo tachar otra línea de la lista de "cosas que nunca había hecho". Hoy he sido modelo por un día y he desfilado en una pasarela a ritmo de 'Vogue'. Si Madonna (o alguien de la SGAE) nos hubiera visto... La experiencia ha sido bastante chula, y al final ni me he caído ni nada, pero lo que más me ha gustado es que no me he puesto nerviosa. Ni una pizca. ¡Quién me ha visto y quién me ve! Fuera nervios. Que se vayan y que nunca vuelvan. Jo, quiero este autocontrol y esta seguridad para todo.

El desfile era parte del evento de fin de curso que organiza cada año por estas fechas la asociación donde asiste mi señora madre para "aprender" a coser. Cada grupo realiza una pequeña actuación, y como las mujeres del de mi madre se hacen unos trajes que lo flipas, llevan un par de años que desfilan con la ropa que ellas mismas cosen. Este curso he ido varias veces a probarme el vestido que me estaba haciendo mi madre, así que me han liado, me han hecho chantaje emocional para que las acompañe, y una es débil... En qué bretes me dejo meter, siempre igual... La presentadora ha anunciado mi vestido como inspirado en Juego de tronos y todo, aunque eso no lo hemos oído, que menuda locura entre bambalinas pre-desfile.
La fiesta en sí no es que sea particularmente divertida desde mi punto de vista, pero es realmente impresionante el esfuerzo que realizan estas mujeres por mejorar día a día y seguir aprendiendo cosas nuevas a su edad. Bailan, aprender a leer y a escribir, cantan, actúan, diseñan su ropa y hacen gimnasia por mucho que les cueste poner una pierna detrás de la otra. La sola idea emociona. Y, desde este punto de vista, el evento es bastante bonito, me alegro de haber participado en él.
He aquí la artistaza.

Hoy en general ha sido un día de locura. Apenas he parado en casa. Piscina, desfile, gimnasio, partido, Horus... Me gustan estos días atómicos sin un momento para respirar. Cuando estudiaba en la universidad tenía muchos de estos y a la larga acababa reventada, pero daban mucho de sí y, al final del día te sentías realizado. A veces se echa realmente de menos ese sentimiento de agotamiento absoluto.

Y luego está ese mágico momento en el que vas a Horus y el mago-dueño del bar te llama muggle. Así porque sí. Me ha encantado.



PD.: Me han flipado estos maceteros que había frente al teatro. Lástima que la pintura de Alice se haya desconchado, pero el del Gato de Cheshire es una pasada ♥

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