jueves, 21 de junio de 2012

Le llaman el Bodhisattva

¿Cómo de raro puede ser acabar dando un paseo por Leganés con un bodyboard debajo del brazo? ¿Y si mientras vas paseando unos tipos muy simpáticos se ofrecen a llevarte en su coche por la mera bondad de sus corazones? ¿Y si cuando ya estás llegando a tu calle te cruzas con el doble de la persona que, probablemente, menos ganas tengas de ver en ese momento? ¿Y si además ese chico se te queda mirando, luego mira a tu tabla y cuando se ha marchado se vuelve a girar para mirarte? ¿Y si te pilla mirándole porque tú también te has girado a mirarle? Menuda cara de pez se me ha debido de quedar, cuando le he visto he sentido como el corazón se me descolgaba de su sitio y se ponía a hacer el baile cosaco en mi garganta...

En fin, que tengo un bodyboard nuevecito y muchísimas ganas de estrenarlo. Me ha encantando el chico que me ha atendido cuando estaba mirando las tablas con cara de intentar resolver la raíz cuadrada de 234.436.319. Se abren las apuestas: ¿cuántos dientes me romperé con esta nueva tabla?

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