martes, 25 de septiembre de 2012

De yogures, cuajadas y petit-suisses

¿Alguien en la sala con una pala que se ofrezca a recoger mis restos del suelo? Creo que acabo de pasar, oficialmente, la barrera del "estar para chóped". Después de dormir tres horas escasas, cinco de clase, tres de kárate, un guiño de ojos impertinente, una llamada indeseada y los intentos desesperados por llamar la atención de un niño con muy poca vergüenza... Una pala, ¡mi reino por una pala!

Dónde se habrá quedado mi término medio, quisiera saber yo... Y también por qué me va lo que no me tiene que ir y por qué estoy tan descentrada y errática últimamente.

Resulta que han retrasado dos semanas mi sentencia de muerte. Que digo yo que qué necesidad habría, si ya estaba hecha a la idea y el caso no tenía mucha posibilidad de interposición de recurso. El recurso de Amparo, ese es el que necesitaría invocar ahora mismo.

Ay, ¿sabéis lo que es peor que estar preocupado por alguien? Estar preocupado por alguien y no poder preguntar cómo está o si puedes ayudarle en algo, porque es conditio sine qua non para el bien mayor —¿su bien mayor?— que no hables. O eso dicen. Cómo me gusta complicarme la vida, aunque lo bonito que sería a veces que las cosas fueran un poco más sencillas.

Jo, qué leguleya me ha salido esta entrada, cuando estoy cansada se desata el monstruo jurista que llevo en mi interior. ¡Groaaaar!

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