miércoles, 5 de septiembre de 2012

Hit me with your best shot

Bueno, se acabó el perreo. Empieza septiembre y la vida vuelve a su cauce normal. Ese cauce que tanto cuesta dejar de lado en cuanto asoma julio por el horizonte, porque es más fácil, el cauce está rodado, sólo tienes que seguir el camino de los surcos un día tras otro. Pero cuando te sales de ese cauce y cruzas a través del campo, con la hierba haciéndote cosquillas en los pies, el viento susurrándote su canción al oído y el sol calentándote la cara, el camino rodado ya no parece tan apetecible ni tan cómodo. Cuando por fin te acostumbras a la paz de las cosas salvajes tienes que erguir la espalda y buscar a tientas el camino que meses atrás no querías dejar.

Volver a los entrenamientos ha sido un poco... raro. Sí, raro. De camino no podía dejar de pensar en esa chica que hace poco más de dos meses iba cabizbaja y hecha polvo al gimnasio y tres horas después salía cabizbaja y hecha polvo. Esa chica que ya no existe. Ha sido muy raro. Sabía que en este par de meses había formateado el sistema, pero no me había dado cuenta de hasta qué punto. Parafraseando a Gandalf, los hobbits son criaturas realmente sorprendentes. Puedes aprender todo lo que se refiere a sus costumbres y modos en un mes y después de cien años aún te sorprenden. Y este año me estoy sorprendido hasta a mí misma. He retomado un cauce que dejé atrás hace dos meses como si no hubieran pasado ni dos días, y ni siquiera soy la misma. ¿Y de ahí a dónde iré? No podría decirlo.

Y ya está. Ha pasado un mes, pero andando, andandito, se hace el caminito. Se acabó la tontería. Después de un verano guay, un guay otoño. Ea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario