lunes, 29 de octubre de 2012

Empty hand

Ese momento en el que vas andando, te paras y te preguntas cómo hace diez minutos estabas en la otra punta de Madrid, pero te han llevado de la manita a toda leche sin saber muy bien por dónde y has acabado en mitad de la calle en kimono y con las canillas heladas. Como decía la mamá de Forrest Gump, a veces hacemos cosas que, bueno, no tienen mucho sentido.

Bueeeno, ya estoy reciclada (creo), y al final no ha sido tan malo como pensaba, me lo he pasado bien y todo. A pesar de habernos tirado casi todo el finde en la Fede, me parece que cada año el curso es menos plomazo, será porque ya nos vamos conociendo todos y es como estar un poco de chupipandi (los guasaps chorras de lado a lado del tatami ayudan bastante). Aunque... no sé, por un lado ahora mismo tengo esta sensación de desazón que no me la quito ni a escobazos. Y escobazos me hacen falta unos cuantos. En la cabeza y bien fuertes. Toca centrarse en lo importante, que ya no queda nada para la hora de la verdad (un retortijón en mi tripa lo corrobora).

Y ahora sí... ¡kimono japo! ¡Por fin! Qué ilusión, jo, después de tantos años, por fin tengo un Shureido. Aunque elegirlo fue casi peor que le decisión de Sophie. Habrá que estrenarlo como sólo se puede estrenar un kimono tan guay como este, ¿no?

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