miércoles, 31 de octubre de 2012

No hope, no love, no glory, no happy ending

Atención, juego de agilidad visual: encuentre las siete diferencias. Hay veinte minutos de diferencia entre las dos fotos. Qué mamones son los gatos, qué bien se les da manipularme... Si es que ponen esos ojitos y... ¿quién puede resistirse a esos ojitos que parecen ruedas de molino?

En otras noticias, ¿para qué pueden servir unos viejos periódicos avilesinos? Para que mis pequeños karatikos se desgañiten dándoles puñetazos. Me encanta cómo se flipan dándole guayas a Rajoy, la Cospedal, Ana Mato y compañía. Creo que la práctica del kárate está mal enfocada: si todos los dōjōs nos entrenaran bajo estos pretextos, seguro que golpeábamos el triple de fuerte.

Y mañana todos disfrazados al cole. Voy a cambiar temporalmente a mis ayudantes habituales (Benedict Cumberbatch, John Barrowman y David Tennant) por Jack Skellington, el Rey del M...erchandising. Jo, todavía recuerdo aquel día, currando en el Disney Store cuando una adorable abuelita le confundió con Skelletor. Mi cara de póker y mi respuesta fueron impagables: "Señora, ese es el malo de He-Man". Ese día descubrí cómo dos personas pueden hablar el mismo idioma, utilizando las mismas palabras, y no entenderse.

Bueno, a partir de hoy, la princesa Leia pasa a ser una princesa Disney. Disney ha comprado por 4.000 millones de dólares Lucasfilm, LucasArts y la ILM (¿tanta pasta para tontadas y no son capaces ni de hacerme un contrato de mísera becaria?). Prometen Star Wars VII (y el chorreo de pelis que nos quieran colar después) y una próxima aventura de Indiana Jones, titulada temporalmente Indiana Jones y los estragos de la edad, en la que veremos la ardua batalla de Indi bajando a comprar el pan y admirando las obras de la calle con otros vejetes mientras hace avanzar su taca-taca.

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