miércoles, 17 de octubre de 2012

Rejoin the past once again

Queridos virus: Me he visto compelida a invocar vuestra buena voluntad porque me hallo en un apuro que, si tenéis a bien, entre todos podríamos resolver. Si fuera posible y no os supiera mucha molestia, creo que sería de agrado para todos que me devolvieras mi capacidad de pensar con claridad, mi salud mental, la habilidad para salir de la cama y mi mismidad en la mayor brevedad posible. Os he dado alojamiento durante más de una semana, pero todo lo que empieza ha de terminar, tarde o temprano, y mucho me temo que nuestra convivencia no ha sido del todo satisfactoria para ambas partes. Puedo declamar que en algún momento fue bonito mientras duró... pero ya va siendo hora de que os deis el piro. ¡Cansinos!

Buah, vaya día. Cuenta la leyenda que existía alguien con más sueño que yo, pero ya murió. Otro día más en mi nunca-aburrida-vida. Hoy he empezado mi tercer trabajo (simultáneo, no consecutivo). A partir de ahora soy teacher y sensei, todo en uno. Lo de hacer las cosas de una en una nunca ha sido lo mío, lo estoy demostrando obstinadamente. En fin, que he dado mi primera clase de kárate y he vivido una regresión al pasado brutal. Sólo espero, por el bien de mi entrenador, que yo no fuera tan tocapelotas como mis chavales a su edad. Los nenes de hoy en día son terremotos con piel de niños, hacedme caso...

Cuando me iba del cole, a medias de vestir con el kimono, a mi bici con suspensión integral le ha entrado una rabieta y ha decidido que no quería dar un paso más, que en mitad del campo se estaba muy bien. ¿Cómo puede estropearse una bici con suspensión integral por un golpecito de nada al bajar de una acera? Como no llevaba la bolsita con las herramientas, he decidido utilizar el comodín de la llamada. Mientras esperaba, ha pasado otro de los profesores que también va en bici y me ha ofrecido su ayuda, pero le he dicho que se fuera tranquilo, que yo me encargaba. Mientras me peleaba con las zapatas y me ponía el kimono perdido de grasa, ha pasado un amable señor que venía corriendo y, sin pedirme permiso ni nada, le ha puesto las manos encima a mi pobre bici. ¡Qué ultraje! Total, que era un experto en bicis, que él también salía a montar mucho en bici y lo que se me había estropeado era el cuadro de bladebledeblu (inserte palabra técnica —y muy posiblemente inventada— aquí). Luego me ha recomendado no llevar el piñón pequeño con el plato mediano y, después de darle las gracias por el consejo, le he preguntado: "¿Y qué dice usted que se ha estropeado?". Me ha contestado que el guñugurumuñu (literalmente, más o menos) y se ha ido corriendo. Ha debido recordar que se había dejado el gas encendido, o algo... ¡Adiós, amable señor! ¡Y gracias! ¡Buenos días tenga usted!

En estas seguía cuando ha aparecido mi jefa y me se ha ofrecido a llevarme en su coche, pero me ha dado mucho apuro y le he dicho que mi padre estaba al llegar. Mientras esperaba se me ha ocurrido darle la vuelta a la bici (como todo el mundo sabe, para diagnosticar la enfermedad de una bici, hay que darle la vuelta) y he visto que el problema no era de la zapata, sino que la rueda se había descentrado y una de las barras impedía que se moviera. De p*ta madre, ¿y cómo arreglo yo esto con mi fuerza de mosquito y sin herramientas? Hasta que ha llegado mi padre, ha movido la palaquita con la mano como si fuera mantequilla y entre los dos la hemos apañado. Uf, menos mal, se me han revuelto los higadillos pensando que me quedaba sin medio de transporte para ir a dos de mis curros. Mi padre, muy sensatamente, me ha pedido que la probara antes de irnos, y le he dicho que todo funcionaba guay. Cuando nos hemos ido cada uno por nuestro lado y ya estaba de camino a casa a toda leche, he sentido que me iba de lado, que me iba de lado... hasta que me he comido un bordillo en mitad de la carretera. El manillar torcido. Y qué más. Pues a ver quién es más chulo. Así que así me he ido hasta casa, así es más divertido. O no...

Cuando he llegado a casa y estaba preparando la mochila del gimnasio, ha venido mi señora madre ha contarme una historia, me ha liado, y ya no sabía ni qué hacía. Conclusión: me he dejado el cinturón en casa. Por ¿suerte? había uno en el gimnasio. Blanco. Eso sí que ha sido remontarme a mis orígenes, allá por la Dinastía Song. Siempre puedo decir que mi cinto se ha desgastado tanto que se ha vuelto blanco... A mi hermano le ha hecho tanta gracia que se ha dedicado a hacerme fotos. Así que me he pasado una estupenda clase, peleándome con mi pierna, preparando mi examen para cinturón amarillo.

Si alguien se aburre, le presto un rato a los guionistas de mi vida. Son un poco cabroncetes, pero al final te acostumbras a su peculiar sentido del humor.

A real human being... and a real hero...

4 comentarios:

  1. Microbio al habla: de aquí no nos movemos que estamos muy agustico xD

    Vaya manitas de plata tienes :P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué a gustico ni qué a gusto... ¡al conco todos, leñe! ¬¬

      Más que mis manicas, son los guionistas de mi vida. Son de un cachondo...

      Eliminar