viernes, 9 de noviembre de 2012

En algún lugar, más allá del arcoiris

Una pequeña decisión y una gran angustia. Ojalá que si las guardo bien en el bolsillo y las golpeo se vuelvan una, y puedan dibujar un gran, grandísimo arcoiris.
Gakuen Alice, Tachibana Higuchi
Hoy, como día especial que es, rescato el arcoiris que los delincuentes de Alath me regalaron hace un par de años. Gracias, Alath. De corazón. A día de hoy sigue siendo uno de los detalles más bonitos que me han hecho. Que tus delincuentes nunca dejen de pintar arcoiris.

Pese a que casi todo el mundo debe de estar bastante ocupado celebrando su día libre (de nada), hoy es mi día del nombre. Qué contrapunto con el gran día que fue este el año pasado... Aunque cuando me ha felicitado una de mis nenas de inglés y luego otra y otra y otra y luego han venido todos a abrazarme, casi me pongo a llorar delante de todo el cole. Qué mamones son los niños, cómo saben tocar la fibra sensible.

Muchísimas gracias a todos los que os habéis acordado de mí (esta vez, sin ayuda de Mark Zuckerberg) y habéis dedicado unos minutitos a intentar que este día sea un poco menos gris. Gracias =)

Alguien me preguntó hace tiempo si conocía la historia de Nuestra Señora de la Almudena. Como madrileña de pro y con el nombre que me pusieron mis señores padres, no podía ser de otra manera. Hoy, que es santo de la patrona de Madrid, me parece el mejor día para retratar esta historia, que repesco de lo que escribí para Viajes El Huargo Feroz (¡todavía furula!).

Y dicen que la pintó San Lucas y la talló Nicodemus... Eru Ilúvatar sabrá, porque nosotras no tenemos ni idea. El origen de la imagen de la Virgen, que con el tiempo se había de llamar Santa María la Real de la Almudena llega, según la tradición, hasta la generación apostólica; y con ella la devoción que siempre ha tenido entre los madrileños. Cuenta la leyenda que fue traída a España por el Apóstol Santiago cuando vino a predicar el Evangelio. Con la Iglesia hemos topado.

A principio del siglo VIII, ante la inminencia de la invasión sarracena ocurrida entre los años 712 a 714, los cristianos de la villa, para evitar la profanación de la imagen, escondieron a la Señora en un cubo de la muralla romana, sobre la cual, los árabes más tarde construyeron su recinto defensivo o almudayna (muy hábiles los cenizos estos). En su ingenuidad y en un alarde de amor, ocultaron con ella dos velas encendidas tras la tapia de cal y canto. Hacia el año 916 el templo de Santa María fue convertido en mezquita por los árabes. Otros listos de turno.

Se convocó una magna procesión encabezada por el mismo Rey de Castilla y de León, que recurría a la plegaria para sus conquistas, acompañado por el Arzobispo de Toledo Fray Bernardo de Agen, antiguo Abad de Sahagún, y a la que asisten todos: nobleza, clero, ejército y pueblo. La procesión transcurría en torno a la "Almudayna" o fortaleza amurallada de Madrid; al llegar junto al cubo de la muralla cercano a la Almudayna o Alcazaba, unas piedras se derrumbaron y... ¡oh, sorpresa! En el hueco se podía observar la imagen de la Virgen con los dos cirios encendidos hacía más de tres siglos. Era el 9 de noviembre del año 1085. Qué historia tan legendaria... y tan apropiada para la patrona de la gran ciudad que es Madrid. Por ello exigimos desde aquí, muy humildemente, fiesta en toda la comunidad, y no sólo en la capital, el día 9.

La catedral de la Almudena, ubicada frente al Palacio Real, fue consagrada por Juan Pablo II el 15 de junio de 1993 (s. XX). A pesar de esa fecha, la idea de dotar a Madrid de una gran catedral (servicio que venía desempeñando la iglesia del Colegio de San Isidro), ya tenía más de un siglo. Pues ahí queda eso.



PD.: Estar en el fisio y, entre lágrima y lágrima, escuchar: "Sentirte como una colilla entre unos labios al fumar". Empiezo a odiar muy seriamente KissFM, la banda sonora de mis citas con el DOLOR.

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