jueves, 17 de enero de 2013

Darling, you are the only exception

Hoy se celebra San Antón en España, el patrón de los animales. Hoy, no entiendo muy bien por qué, la gente hace cola a la puerta de sus parroquias para que bendigan a unos pobres bichos que no entienden por qué les está cayendo agua en la cabeza si no está lloviendo. El caso es que es una tradición  muy arraigada en nuestro país, tradición que en tiempos de nuestros padres tenía un significado muy bello: rendir homenaje a los animales que les permitían poner pan en su mesa.

Pero como hoy ya no queda casi nada de eso y no estoy dispuesta a someter a Goku a un ritual maniqueo, le voy a rendir homenaje a mi particular estilo.

Goku apareció en nuestra huerta, hará ya unos quince años. Impresiona pensar que salió de allí. Se perdería, llegaría andando desde el pueblo de al lado, le abandonarían en la carretera. Fuera como fuera, acabó en una vega que, por entonces, estaba sin vallar. Un buen día, llegaron mis tíos y mis padres y se le encontraron allí, saliendo de la caseta como una flecha. Del miedo inicial pasó a dejarse acariciar. Cuando mi familia volvía al pueblo, el gato les siguió. Andando. Más de dos kilómetros por un camino de tierra. Cuando llegaron al pueblo, los perros de la entrada de asustaron, así que mi padre le metió en un saco y se lo llevó a casa. Unas horas después, estaba en Leganés, inflándose a macarrones con tomate.

Me gustaría que mis preguntas tuvieran respuesta, saber de dónde salió Goku, cómo fue su vida antes de llegar a nosotros o por qué acabó en una huerta perdida en mitad del campo. Pero supongo que su historia perdería encanto. Y las historias con encanto son tan escasas estos días...

El otro día, según su partida de nacimiento aproximada, Goku cumplió dieciséis años. Eso significa que lleva quince años con nosotros. Quince años... más de la mitad de mi vida.

Ese es Goku, la mitad de mi vida.

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