viernes, 12 de abril de 2013

Nobody puts Baby in the corner

Cuando he vuelto esta noche del entrenamiento estaban echando Dirty Dancing en laSexta3 y me la he puesto para acompañarme mientras cenaba. No sé si será por son de la década que me vio crecer, pero las pelis ochenteras tienen algo que me llega directamente al corazón. Me he acordado de esto precisamente cuando Johnny vuelve a buscar a Baby en la escena final y dice eso tan cursi pero a la vez tan bonito de de "Nadie pone a Baby en un rincón" y, entre espagueti y espagueti, se me han saltado las lágrimas. Luego se han puesto a bailar, se me ha abierto el grifo del todo y ya no era capaz de sostener el tenedor. La devoción con la que él mira a ella, el cariño con el que la toca, como si ella fuera de porcelana... Y luego Johnny se acerca a los proles del campamento y se ponen a bailar frente a los ricachones demostrando que no hace falta tener pasta para ser el más molón del lugar. Son esos detalles sencillos de película ochentera que despiertan una oleada de sentimientos avasalladora. Son esos detalles que, durante unos instantes, te hacen creer que vives en un mundo mejor donde esas cosas tan chulas también te pueden pasar a ti.

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