lunes, 15 de abril de 2013

This two hands

Implican un madrugón importante, pero qué bien me lo paso en los cursos domingueros de la Fede de Kárate. Y más cuando hay armas de por medio. Hoy hemos asistido a un curso de kobudo con tonfas y me llena de orgullo y satisfacción constatar que no soy la más torpe del equipo con los palitroques. Al menos no se me han llegado a caer, aunque alguna hostia sí que me he llevado sí. Por cierto, que el señor tan simpático de la izquierda que se nos ha agregado a la foto no tengo ni puñetera idea de quién es. ¡Bienvenido al equipo karatiko, caballero!

El palo negro que asoma por mi mochila es una tonfa policial.
Un par de días antes del curso intenté hacerme con unas tonfas, pero no recordaba que habían emitido una prohibición de venta de tonfas y nunchakus, lo que no deja de parecerme risible. Hasta a los policías les ponen mil problemas para poder utilizarlas. Vale, son armas que pueden hacer mucha pupa, pero para una de nuestras exhibiciones nos faltaba uno y lo hicimos con el mango de una silla. Y, pintado con un poco de betún de Judea, quedó exactamente igual. Así que el próximo paso debería ser cerrar IKEA por vender armas de potencial destrucción masiva. Y las tiendas de manualidades, por ser colaboradoras pasivas.

Dedicar los domingos por la mañana a hacer el gamba en la Fede de Kárate.
Al cabo de un par de horas ya dolían los brazos sólo de sostener las tonfas, pero he aprendido a girarlas en condiciones, un kata y parte de otro y un par de técnicas de defensa personal. Muy chulo, aunque esperaba algo más del kárate kobudo, me da que lo tenía demasiado idealizado.
Esto ha sido una exhibición con tantos al final del curso, pero no lo he acabado de pillar muy bien.
Mañana a estas horas ya me habré olvidado de casi todo, pero ha sido un tiempo bien aprovechado. Poder trabajar con armas tradicionales mola un pegote.

Es increíble el caos y los "¡A mí no te me acerques!" que puede generar un simple palito.
Ya en el vestuario, hablando de kobudo, me he sentido muy mayor explicándole a una compañera que cada una de las Tortugas Ninja, además de tener el nombre de un gran artista, portaba un arma representativa de este arte marcial: Leonardo (el líder seriote) tenía una katana, Donatello (el cerebrito del equipo) usaba el bo, Raphael (el más molón) llevaba un par de sais, y Michelangelo (el come-pizzas graciosillo) utilizaba sus nunchakus. Mira, no había caído hasta ahora, eran artistas por partida doble. Pues bien, decía que me sentía mayor porque la chica no tenía ni idea de lo que le estaba hablando. ¡Las Tortugas Ninja, por favor! Fueron una de mis bases de la infancia, empezando por la serie, pasando por la máquina recreativa y las pelis y terminando por mis primeras nociones en tacos de los gordos. Las nuevas generaciones vienen arruinadas de fábrica, de verdad os lo digo.

El día que la "foto Tuenti" digievolucionó en "foto Twitter".

2 comentarios:

  1. Ah, ¿han prohibido los tonfas también? No son mis favoritos, pero es ridículo.

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    1. Para los civiles y casi también para la policía. Hablando de prohibiciones absurdas...

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