lunes, 17 de junio de 2013

Too old to die young

Después de casi tres meses preparándolo, el Trofeo de Kárate de Villaviciosa de Odón llegó, descargó su estrés y su adrenalina y se marchó. Así, sin más. Como cada año. Pero este no ha sido un año más. En estos últimos tres meses han pasado muchas cosas. El mundo se derrumbó y sus tierras todavía no se han asentado, los ríos no han vuelto a su cauce y sol, si sigue brillando, es por simple inercia.

Pero hay cosas que nunca cambian, y eso está bien. Una de ellas es esa segunda familia de frikis y buenas gentes, esos karatikos que se reúnen una vez al año con toda su prole karatika para disfrutar de un rato de este deporte tan maravilloso que nos ha unido a todos.

Foto de familia karatika 2012/2013.
Así que el domingo nos levantamos a horas tan intempestivas que casi era sábado para acoger el Trofeo de Villa, en el que participaron alrededor de cien de nuestros niños de nuestros cuatro dôjôs. Por primera vez, yo también aporté niños en calidad de sensei. Me siento mayor y responsable y todo.

Ríete tú de Eva Nasarre con estos preparadores físicos.
Evitaré hacer comentarios sobre el vestuario unisex que nos dio el conseje (si será por vestuarios en el pabellón) y al tema.

Estos carteles siempre me hacen preguntarme qué ha motivado a su autor en primer lugar.
La colocación de trofeos en las competiciones deportivas es todo un ritual en el que salen a relucir nuestras mejores dotes decoradoras.

Hay que ser sincero en esta vida.
¿A que queda bonico del tó?
Pues así está todavía más bonito.
Este año volvimos a incluir la modalidad de kumite, pero a mi entrenador se le olvidó el pequeño detalle que supone tener las hojas reglamentarias para apuntar los puntos, porque sin hojas puede pasar algo como esto:

Tiene cierto parecido a Matrix...
Pero bueno, la cosa es que me defendí. Unos días antes había estado hablando con mi entrenador acerca de la organización del torneo, su celebración, convocatoria y la exhibición, que corre absolutamente todo de nuestra cuenta. En un determinado momento le comenté que no éramos profesionales y me respondió que de eso nada, que somos profesionales. Así, sin presión ni nada. Pero, oye, para soltar un "¡Chudan yodan!" al cantar los puntos y quedarte tan ancho, hay que ser muy pro. Juanjo, ya tienes nuevo nombre para los restos.

"Chudan yodan", el concepto.
Después pasamos a la categoría de nenes principiantes. A mí me consumen la energía cual dementor, pero suele ser la que más gusta por la cantidad de WTF por minuto que preparan. Como la niña tan achuchable a la que le dije que saludara al compañero y se puso a decirle hola con la manita. O los que giran la cabeza 180º para seguir mirando al karateka que le está ayudando en lugar de mirar al que tiene delante.

Kimonos que son más grandes que su karateka. El peque de la derecha es de los míos, por cierto.
Y pasamos a la exhibición. Creedme, no sabéis lo que es la vergüenza suprema hasta que a tu entrenador se le ocurre la brillante idea de pedirte que te pongas a calentar en un pabellón vacío ante la mirada de cientos de espectadores.

Si me ponen una bola de espejos de sombrero no me habría sentido tanto centro de atención.
Total, que empezaron los acordes de 'Carry On My Wayward Son', de Kansas, y ahí que nos pusimos a menear el culito delante de todo el mundo. Para el kata escogimos 'Can You Dig It', de la BSO de Iron Man 3 y para el bunkai (la aplicación práctica de las técnicas del kata, pregunta de examen), 'Too Old to Die Young', de la BSO de Django Desencadenado. ¿A que no adivináis quién fue la encargada de buscar la música?

Este salto puede romper tobillos en suelo duro. Comprobado.
El kata fue una mezcla de Unshu, Gojushiho y Chantanyara Kushanku que creo que no quedó nada mal, pero acabábamos matadísimos cada vez que lo hacíamos, nos pasamos un pelín con los ritmos y la intensidad. Y para arreglarlo... en el bunkai echábamos los pocos higadillos que nos habían quedado. Alguien debería patentar la dieta del bunkai.

Aquí va a cobrar hasta el apuntador.
Me gusta tu chaqueta. Dámela.
Qué bonitas son las fotos de las exhibiciones, leche.
El momento cumbre de la exhibición. ¿Lo pillas, lo pillas? Sí, el calor me pasa factura.
Y después de la exhibición, adrenalina por las nubes. Bueno, quizá este año un poco menos de eso y mucho de depresión posparto deportivo.

Los exhibicionistas de este año.
Si nos pasamos el día haciendo gamba, ¿por qué a la gente le cuesta tanto encontrar pose cuando le dices que quieres hacer una foto idiota?
Estuviste ahí con nosotros, pequeño.
Después de una entrega de trofeos en la que todos los niños pillaron cacho y se fueron emocionadísimos, al final pillamos cacho todos.

¿Mandeeeeee?
Somos puro pegamento.
Ganadores de la Miau Champions Cat.
Cuando el suelo se vuelve la cosa más apasionante del mundo.
¿Hay algo que le guste más a la gente que un pódium? Quizá el chocolate. Hmmm, un pódium de chocolate...
Y esto es lo que pasa cuando le encargas la redacción de una plaquita de tres líneas a un mono oligofrénico.

Es de uno de mis chavales, por cierto. ¡Un tercer puesto! Él no sé, pero yo no me lo creo.
Gracias por venir a vernos y a apoyarnos, Cuñá, sobre todo este año tan difícil.

~♥
Are you fucking kidding me?
Esto es una misiva a los señores que deciden las reglas de etiqueta del karate. Los gatetes quedan bien en todas partes, ¿lo ven? Deberían hacer obligatorio llevar uno en el cinturón. Ganaríamos en molonidad y ternura al mismo tiempo.

También deberían inventar el Miau no Kata, lo iba a petar.
Y se acabó. Después de tres meses muy duros, uno de los objetivos marcados en el horizonte ya se ha extinguido. Pero no sólo han sido unos meses duros, también ha sido tiempo de ver quién está realmente a tu lado, quién te apoya y quién se preocupa por ti. Por ti, por tus lágrimas y por el esfuerzo, trabajo e ilusión que inviertes en algo. Si algo es importante para ti, también debería serlo para los que enarbolan el estandarte de la amistad verdadera. Y si no... a comer piedras.

A continuación, una prueba de agudeza visual: localiza las siete diferencias.


Y, cómo no, en cualquier reunión karatika que se precie no podría faltar esto: las birras de después.

Y el frikeo, Las birras y el frikeo.
Unos días más y... Hasta el curso que viene, karatikos. Sois grandes, chicos. Muy grandes.

¡U-AH!

No hay comentarios:

Publicar un comentario