miércoles, 11 de septiembre de 2013

Brighton style!

Ya decía el tito Bilbo que es peligroso cruzar la puerta y poner un pie en el camino, porque si no cuidas tus pasos, nunca sabes a dónde te pueden llevar. Y aunque los cuides tampoco, al menos en mi caso. Después del día de hoy debería escribir un manual sobre cómo tener el vuelo más bizarre del multiverso.

Resulta que hoy los controladores aéreos gabachos tenían pocas ganas de currar y gracias a su buen hacer nos han cambiado de puerta de embarque cuatro veces. Muy bonita la T1, nos la hemos recorrido casi enterita.

Al subir al avión, tras el caos inicial, he procedido a sentarme, pero un señor me ha contado que a su mujer y a él les habían sentado separados y que si no me importaba cambiar de asiento. Me ofrecían una ventana, así que ni me lo he pensado. En qué hora.

Ya sentada junto a mi flamante ventana, han aparecido mis maravillosos compañeros de asiento. Una pareja de británicos maduritos. Tras los saludos iniciales, la señora se ha puesto a llorar a berrido limpio. Le he preguntado a su marido si estaba bien y me ha dicho que no me preocupara, que la mujer tenía miedo a volar y que se había medicado. En estas estaba el buen hombre explicándomelo tranquilamente cuando la señora (en adelante Myrtle la Llorona) ha empezado a gritar llorando que no le contara mentiras a la jovencita, que eso no era cierto. Myrtle se ha pasado todo el despegue gritando y llorando, abrazando al sufrido señor. Luego les ha faltado tiempo a que pasara el azafato con el carrito de las bebidas para pedirse un vino. He acabado pasando del tema porque me he quedado fritísima. 

Cuando me he despertado, no estaban sentados ninguno de los dos. Me he ahuecado para ir al baño, me he asomado al pasillo y de repente veo las piernas de Myrtle, tendidas en mitad del pasillo, moviéndose como con estertores. Antes de que me diera tiempo a quedarme a cuadros, el pasajero del otro lado del pasillo me ha preguntado si hablaba inglés y ha pasado a comentarme la jugada todo emocionado. “Mal día para volar, ¿eh?”. Resulta que la señora se ha agarrado una melopea del quince y la ha querido compartir con todos los pasajeros.

Al volver a sentarse, Myrtle ha empezado a quejarse del grupo de chavales jovencitos que iban hablando… pues como hablamos los españoles. Se ha puesto a blasfemar en inglés, a ellos y a la cultura del “grito pelao”, pidiendo a voces que se callaran. El marido le ha pedido que parara de una vez, y ella le ha respondido, todavía llorando, que no quería parar. Ya por fin ha intercedido un azafato que ha conseguido callarla dos minutos.

Cuando el vuelo ha aterrizado, los chavales han seguido esa costumbre tan española como inexplicable de aplaudir cuando el avión aterriza. La inglesa ha seguido quejándose entre lágrimas, preguntándose por qué hacían esa cosa tan extraña y molesta. Y ya como colofón ha decidido levantar las manos por encima de su cabeza y ponerse a aplaudir como una loca. El marido no dejaba de decirla que la iba a dejar, mientras ella se lo tomaba a coña, dándole besitos y diciéndole que la quería demasiado para eso. Pues no veía yo lo que se dice amor en los ojos del hombre en ese momento… El marido de Myrtle se ha disculpado conmigo siete veces, incluso Myrtle también ha conseguido dar pie con bola para disculparse pero, oye, qué viaje más entretenido nos han dado. 

Estoy deseando ver qué pasa en el vuelo de vuelta. Y esto no ha hecho más que comenzar… Quién me mandará a mí no hacer caso al tito Bilbo.

Bienvenida al Reino Unido.

1 comentario:

  1. Jajajaja, como mola. Espero ansiosa más aventuras tuyas en tierras inglesas :D

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