jueves, 20 de febrero de 2014

Shot reverse shot, look what the other got

Hoy salía del tren cuando me he cruzado con una manada de chonis salvajes. Conste que yo iba bien vestida, en plan cómodo, pero con un abrigo deportivo abrochado hasta arriba, por el frío que se ha levantado esta noche. Pero ellas iban tope elegantes, tía: todas en las que me he fijado iban con sudadera y tan ultramaquilladas que si se les llega a caer el pote hacen un agujero en el suelo.

Pues bien, iba yo sacando los auriculares cuando una de ellas se me ha quedado mirando de arriba a abajo y sólo con su mirada he podido predecir el futuro. Me ha parecido que ha dicho algo como: No salgo yo así a la calle ni loca, tía. ¡Qué valientes son cuando van acompañadas de siete u ocho personas! El resto de simias de la manada han ido a olerle el culo a esta y a secundarla con consiguientes comentarios jocosos sobre mi persona. Me ha parecido triste y patético, pero sobre todo me ha hecho gracia. Así que se lo he mostrado: me he girado y les he dedicado una sonrisa de oreja a oreja. Todo esto ha propiciado que semejantes macacos empezaran a tirarme cacas (figuradas), pero me he puesto los auriculares y ya han dejado de iluminarme el camino de la moda poligonera.

A todo esto, la manada patrullaba sin abrigo, porque todo el mundo sabe que los abrigos son de tristes y la estalactita moquera colgada de la nariz está de moda. Felices anginas, señoritas chonis.

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