miércoles, 16 de julio de 2014

Porque la vida puede ser maravillosa

La vida es una mierda. Es mejor asumirlo cuanto antes, sin paños calientes. Una vez hech, todo lo que tenga que venir vendrá, aunque la hostia siempre será más suave si estás dispuesto a aceptar las vicisitudes poco halagüeñas de tu existencia. Pero el gran Andrés Montés siempre decía aquello que tanto le gustaba recordarnos: la vida puede ser maravillosa. Y así es. La vida es una mierda, pero también puede ser maravillosa. Y es en tiempos como estos cuando alzo la vista al cielo y le doy las gracias a Andrés Montes por no haberse cansado de repetirnos, mientras pudo, aquel mantra tan bello y cierto.

El sábado pusimos rumbo a Barcelona, al Festival de Cruïlla para volver a ver a mi hawaiano favorito en acción. El (ahora) melenudo Jack Johnson no es un gran espectáculo sobre el escenario, pero es amor en estado puro.


Un sencillo fondo de maderas que traen reminiscencias a las playas que tanto adora el surfero sobre el que iban proyectando intrincados dibujos e imágenes (de olas, cómo no) es todo lo que necesita Jack Johnson para hacernos llegar el mar en forma de música a nuestros oídos. Un concierto tan sencillo y humilde como él, pero un regalo para los sentidos. Y para el recuerdo. El recuerdo de pasar noches enteras escuchando su música junto a Goku, tirados en el jardín del pueblo y soñando con surfear en las estrellas.

Jack Johnson es ♥
De Barcelona pusimos rumbo a Leganés, al bar Horus de mi amigo Teo, para asistir el domingo a una reunión muy esperada. Hace algunos años el Horus estaba un par de calles más allá y era un bar con un ambiente muy, pero normalito. Un tiempo después se mudó y se convirtió en un sitio muy chulo, con una gran carta de cócteles, buena cocina y poca cobertura de móviles. Y Teo empezó a invitar a sus colegas para que vinieran a actuar al Horus. Monologuistas, hiptonizadores y, sobre todo, magos han dejado su huella en el bar.

Pero antes de todo esto, cuando la inauguración del nuevo local se anunció, Teo cometió el error de prometerme que Luis Piedrahíta vendría a actuar. Error porque, como soy poco pesada, me encargaba de recordarle esa promesa visita tras visita. Pero a veces ser una cansina da sus frutos. Y así fue como me encontré la tarde del domingo sentada al lado de otro de mis ídolos, cogiéndole de la mano y haciendo de ayudante personal de mago.


Lo de ser el centro de atención no es que lo lleve lo que se dice bien pero, ay, las cosas que hago por amor ♥ Ni qué decir tiene que la actuación fue increíble y que hubo risas mil (las de Satán, entre otras). Este chico siempre me ha despertado mucha ternura, y en persona no fue menos.


Una de mis partes favoritas de la actuación fue cuando llamaron a una señora del público y él mismo contestó. Y también el juego en el que el galleguiño intentaba adivinar mi carta con preguntas por asociación.
—Si tu carta fuera un jugador de fútbol, ¿quién sería?
—¡Diego Costa!
Aquí empezó a hacer una serie de cábalas, a cuál más chorra, de por qué mi carta estaría relacionada con Diego Costa. Pero siguió.
—Si tu carta fuera una flor, ¿cuál sería?
—La flor del cerezo.
— ... Tú... Tú eres muy del Atleti, ¿eh?
Os prometo que no fue a propósito, soy así de monguer. Aunque me gané al público cuando me preguntó qué animal sería y dije de inmediato que un gato, pero me corregí en el momento y dije que un ornitorrinco.


Una noche mágica que terminó con una promesa cumplida. Y con un taco de libros firmados por Luis Pi. Hasta me hizo un autorretrato en uno, qué chico más majísimo. Sólo espero que él también disfrutara de la experiencia y que vuelva al Horus. Más tarde o más temprano. 

El lunes nuestro recorrido terminaría en el Teatro Circo Price, en el concierto de Eels para el que conseguimos entradas en primera fila. Sí, señoritos, un concierto de Eels sentados, para flipar. Y es que su último disco, 'The Cautionary Tales of Mark Oliver Everett' es tan serio que abandonaron el mono de 2011 y el chándal de 2013 por unos esmóquines a medida para presentar un concierto con reminiscencias de música de cámara. Aunque con su habitual mezcla bizarre de instrumentos.


El propio Mr. E ya nos advirtió antes de empezar que este concierto no iba a ser tan divertido como el del año pasado. Para empezar, nos dejaron sin el telonero friki del lugar, que siempre deja el listón muy alto para el telonero de verdad. Hubo rock, pero poco. Y se echó de menos. Pero el concierto fue tan y tan bonito que a uno se le olvida. Además, a este hombre se le perdona todo.

¡La guitarra azul, la guitarra azul!
Y aunque no tocaron muchos de sus temas más clásicos, sí que hubo tiempo para 'My Beloved Monster', esa canción que siempre le cantaba a Goku y que tanto me recordó a él. Me sigo quedando con el concierto de 2011, pero este tuvo algo especial que siempre recordaré. Cuando el concierto estaba a punto de tocar su fin, Mark Oliver Everett saltó del escenario y pidió a su público que le abrazara. ¿Y qué hace uno cuando Mark Oliver Everett le pide que le abrace? Vosotros no sé, pero yo siempre recordaré el 14 de julio de 2014 como el día en que Mr. E me abrazó. Dos veces.

Con esos bracitos, con esos me abrazó.
Y así acabaron estos tres días para el recuerdo. Tres días para recordar que la vida también puede ser maravillosa.

2 comentarios:

  1. Como me alegro de estos días tan felices para ti y de haber podido acompañarte a cada uno de esos lugares, eso es para mi aquello de que la vida puede ser maravillosa :)

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  2. ¡Biban los ornitorrincos! Y tus largos findes tan guays, también, que hya muchos asi ^^ pero sobre todo los ornitorrincos xD

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