miércoles, 27 de agosto de 2014

On reconnaît le bonheur au bruit qu'il fait quand il s'en va

Siempre nos quedará París. O eso dicen. La Ciudad de las Luces (o la Ciudad de Qué Lejos Está Todo, Coño) fue el destino elegido por el Huargoveja y sus colegas esta vez. Nos dimos tal paliza que vimos mogollón de cosas, pero sólo voy a subir un puñado de fotos, por la salud mental de todos.

El Puente de las Artes es bien conocido por la escena de Amélie en la que la prota tiene la revelación de que su objetivo en la vida es ayudar a la gente. O lo era, hasta que a Federico Moccia se le ocurrió que dos de sus protagonistas colocaran un candado en un puente simbolizando su amor. Ahora el puente está tan lleno de candados que los paneles se estaban cayendo. Están locos estos parisinos.

La Basílica del Sacré-Cœur (Sagrado Corazón) está situada en lo más alto del montículo más alto de París: Montmartre, el XVIII Distrito de París y, a mi juicio, el más bonito de todos. Este edificio tiene la propiedad de ser impresionante y hermoso lo mires desde donde lo mires.

Cuando un dedo apunta al cielo, sólo el tonto mira al dedo. ¿Recordáis?

¿Sabéis ese día en el que subimos a lo alto de la Torre Eiffel y el Huargoveja estuvo a puntito de salir volando? Yo sí xD

La librería Shakespeare & Company (37, Rue de la Bûcherie), situada junto a la otra orilla de la Catedral de Notre Dame es una auténtica PA-SA-DA. Estantes abarrotados de todos los tipos de libros, gente tocando el piano y un cartel de "Prohibidas las fotos" que sólo vi en mi propia foto. Me llevé una edición muy chuli de Alice in Wonderland y me regalaron un marcapáginas de un gato con libros ♥

Disneylandia, chavales. Un sueño cumplido. Nada más que añadir.

Bueno, tal vez añadir un Gato de Cheshire ♥. Mi cara es la viva expresión de la felicidad.

También estuvimos en la cena-espectáculo de Buffalo Bill's Wild West Show. No sabéis lo difícil que es comer y prestar atención a un show caótico hasta que no llegas aquí.

La Sainte-Chapelle (Santa Capilla) situada también muy cerquita de Notre Dame (igual que las tiendas frikis, no podíamos dejar de vez la Zona F de París, situada en pleno Barrio Latino), fue una de las cosas más rebonicas que vimos. No sé si alguna vidriera me volverá a impresionar después de esta.

El Jardin Des Plantes, al que fuimos gracias a una sugerencia de Javi, me pareció una auténtica maravilla. Una pena que lo cerraran tan pronto, pero al menos vimos bambis y ualabís. Y dinosaurios...

El Huargoveja, Goku y Toothless se lo pasaron en grande jugando con el dinosaurio. En la guía ponía que se podía subir encima y hacer el panoja, pero nos quedamos con las ganas.

Ualabí tocando la flauta. O fumando en pipa. O siendo molón, y fun y pin.

Bebiendo grog (os prometo que se llama así) en la cafetería de Amélie, Café des Deux Moulins (15, Rue Lepic). Todavía sigo teniendo estómago. Resulta que es un tipo de ron con especias rebajado, pero tuvo su gracia quemarse la garganta con esto. Por cierto, como restaurante no está mal de todo, pero Pedro vio salir un ratoncillo de la cocina. Abstenerse los débiles de corazón. 

Dicen las malas lenguas que esta cafetería estaba a punto de cerrar allá por el principio de siglo, hasta que cierto director pasó por allí y le propuso al dueño sacarlo en una película, pero para ello el bar tendría que estar cerrado unas dos semanas. Era mucho tiempo para un negocio en problemas, pero al final se dejó convencer. Sólo pidió a cambio quedarse con el enanito viajero de la película. Con tan mala suerte de que, poco antes de ir nosotros, se lo robaron. Quiero pensar que está recorriendo mundo por ahí y que pronto mandará alguna foto suya.

Bailando el cancán —o haciendo el gañán— frente al Moulin Rouge. Y luego nos preguntamos por qué en el extranjero nos identifican enseguida como españoles.

De Versalles sólo diré: qué agobio de palacio, qué jardines tan preciosos, qué pocas fuentes musicales y qué mamón Luis XIV.

Y del Arco del Triunfo sólo diré: qué mamón Napoleón.

Cosas que hacer en el Parque Astérix: patear culos Lannister. La Irreductible Aldea Gala es... ♥

Idéafix es todavía más... ♥♥♥ Me llevé un cargamento suyo de mercha.

Y lo que nos costó encontrar esta little shit... Venga preguntar y preguntar por todas partes. El que sabía de su existencia, te mandaba a la otra punta de París. Y como la ciudad es pequeña... Al final resultó que de tiranosaurio a tamaño real poco, pero existir, existía. Eso sí, todo lleno de arañas y con la pata desprendida y tirada. Todo un lujo. Por si a alguien le da por ir a buscarlo, ya que al final no deja de ser un dinosaurio y, por lo tanto, mola, está justo delante del Bateaux-Mouches (Port de la Conférence, Pont de l’Alma). Y no, no le preguntéis ni a los parisinos ni a los taxistas: nadie sabe dónde está este chavalote.

And it tickles! Que no tickle, pero sí que spark: después de iluminarse, cada hora en punto, durante cinco minutos la Torre Eiffel brilla con lucecitas blancas. Y, de verdad, es digno de ver. Es bonito, sí, pero el revuelo que causa entre los turistas es épico.

♪ ¡Navidad, Navidad! ♫

En esto que te caes del hotel y apareces en la casa de Amélie Poulain. Qué ricos están los plátanos del señor Collignon.

La tienda oficial de El Principito es como su planeta: enana y modesta. Lástima dejarla para el último día, la dependienta me contó que acaban de abrir un parque temático en Francia. 

El cementerio del Père-Lachaise (16, Rue du Repos), a pesar de lo macabro que pueda resultar, fue una de nuestras mejores paradas. No sólo vimos las tumbas de Frédéric Chopin, Jim Morrison, Édith Piaf y Oscar Wilde, entre otros muchos y muchos, es que además fue un paseo espectacular. Mezcla de parque y mezcla del cementerio más extravagante que puedas imaginar, está lleno de panteones enormes, esculturas tétricas y rincones misteriosos. Increíble visita.

Lo que ya no me gustó tanto fue la gente saltándose las vallas para hacerse fotos en las tumbas, pisando otras, dejando chicles pegados en un árbol para Morrison, comiendo bocatas entre las tumbas... Todo respeto, vaya.

On reconnaît le bonheur au bruit qu'il fait quand il s'en va. (Reconozco la felicidad por el sonido que deja cuando se marcha)
Jacques Prévert

Para terminar os dejo con una foto bien épica, otra de las paradas obligatorias del tour de Amélie: el sexshop donde trabajaba Nino Quincampoix (37, Bd de Clichy). Toooda esta calle estaba bien llenita de tiendas porno, y justo en el medio, el Moulin Rouge. Se ve que concentran el negocio...

Atrás quedan museos varios, paseos infinitos, crêpes de locales diminutos, panaderías gabachas y Montmartre. Mucho Montmartre. Y un baño en el que había que sentarse de lado. Pero como decían en Ratatoille¿Por qué no aquí? ¿Por qué no ahora? ¿Acaso hay mejor lugar para soñar que París?

1 comentario:

  1. Tiene pinta de que disfrutaste como una enana ^_^

    Un abrazote!

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