jueves, 4 de diciembre de 2014

Vivimos tiempos crueles, o a mí me lo parece

El otro día estaba en un juzgado cuando llegó un señor de avanzada edad con una señora del brazo, de edad más avanzada todavía. No pretendía fisgar lo que le contaban al funcionario, pero estaba demasiado cerca como para evitar escuchar lo que decían. Ojalá no lo hubiera hecho. 

El hombre, prácticamente con lágrimas en los ojos, le explicaba al funcionario cómo su hermano se había llevado sin permiso a su madre de su casa para meterla en una residencia. En este punto sacó algunas fotos que pude entrever en las que la mujer se mostraba decaída y muy delgada, con ojos apagados, casi sin vida. Ante esta situación el buen hombre se la llevó sin permiso de la residencia. "Mire como está ahora de bien, ni punto de comparación. Ha estado toda la vida conmigo, siempre la he cuidado y jamás me he quejado. Mi hermano puede ir a verla cuando quiera, sin horario, tiene la puerta abierta". La señora, a su lado, pequiñita y temblorosa, no podía suprimir las lágrimas: "Yo no quiero estar en la residencia...".

Un hermano se había llevado a su madre de su casa sin permiso del otro, y el otro la había sacado de la residencia sin permiso de nadie. Y allí estaban madre e hijo, tan pequeños e indefensos, preparándose para enfrentarse al otro hijo en los tribunales. El funcionario sostenía que tenían que ir a la vista, que él no podía hacer nada, pero que, a pesar de todo, la señora necesitaba ciertos cuidados que su hijo no podía proporcionarle y que había que tener eso en consideración

Y ojalá no hubiera escuchado nada de todo esto. Ojalá no hubiera visto las lágrimas en sus ojos ni los temblores de la mujer. Y ojalá no imaginara lo que seguramente va a decir el juez de todo esto. Ojalá, porque desde entonces no puedo dejar de pensar en ello ni dejar de recordar sus rostros lloross. Y pensando, pensando y pensando me enfurece darme cuenta de lo indefensos que estamos ante la ley, que el Derecho no es igual para todo el mundo y lo expuestos que estamos a que nuestra felicidad se deshoje ante nosotros sin que podamos hacer nada por evitarlo.

No sirve de mucho, pero desde aquí todo mi apoyo a ese caballero y a su señora madre, de la chica anónima que no hacía más que pensar que se le hacía tarde hasta que fue testigo de este drama terrible.

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