sábado, 11 de abril de 2015

Ride like hell

Los que me seguís en Facebook ya conocéis un poco mi particular cruzada pro carril bici. El caso es que, de camino a mi curro, han hecho tres mini-tramos de carril bici. El tipo que los diseñó no era precisamente un genio, ya que hay que cruzar dos carreteras entre ellos y encima hay que hacer una V y evitar los pivotes para continuar el recorrido con todos tus dientes. Pero, vaya, ya que lo han hecho y me puedo ahorrar unos metros sin coches, al menos lo utilizo para ir. Para volver no, porque tal y como está hecho es un puñetero peligro.

El caso es que cuando estoy llegando al cole, los alumnos más peques ya están saliendo, así que muchos días (cada vez menos) me encuentro a papás con sus retoños en mitad del carril bici. ¿Por qué? Pues no tengo ni puta idea, porque hay una acera bien anchota junto al carril bici y, al otro lado, un estupendísimo camino de tierra. Entre camino y camino hay un trozo de césped, así que el meterse en el carril bici no es precisamente accidental.

He tomado la decisión de reprender un poquito a los padres cada vez que me cruzo con ellos en el carril bici. Un simple "Por favor, es un carril bici" me está bastando para concienciar a unos cuantos papás. Pero no a todos.

El otro día vi un armario empotrado a lo lejos, caminando por el carril bici junto a su mico de niña. La cría iba jugando con un pompero y andando en zigzag por el carril bici. Justo cuando llegué a su altura, el padre se retiró a la vía de vuelta del carril bici. Y todavía tendré que dar las gracias... Pues no, le dije mi frasecita emblema. Y, claro, agachó la cabeza avergonzado y salió del carril bici llevándose a su hija para que ningún ciclista incauto se la llevara por delante. Bueno, eso es lo que hubiera hecho una persona normal. Pero este señor era precisamente lo contrario. Se le contrajo la cara al estilo del más cabreado de los simios y me escupió que si no tenía sitio para pasar. Me quedé a cuadros redondos. ¿Que si no tengo sitio para pasar? ¿Y tú que tienes un camino y una acera bien hermosos? Pues, a pesar de que estaba sube que te sube la cuesta con la bici, me di la vuelta y le grité: "¿Y tú?". Entonces agachó la cabeza avergonzado y salió del carril bici llevándose a su hija para que ningún ciclista incauto se la llevara por delante. Pues no, tampoco. Se puso a gritar como el más cabreado de los simios sandeces que no escuché, mientras me alejaba sin que el viento me permitiera escuchar las lindezas que me estaba dedicando.

Ese día me gané un enemigo, pero analicemos la situación. Bien, si voy en bici y me choco con este armario empotrado tan ducho en las normas más básicas de educación, lo más que puede pasar es que mi bici se quede hecha un acordeón. ¿Pero y si me llevo a su hijita por delante? No lo tengo que adivinar, estoy segura de que me hubiera echado la culpa a mí. Y desde luego que no lo es. Tal vez su diminuto cerebro debería haber dedicado más tiempo a pensar en su hija en lugar de en su absurdamente hinchado ego. Continuará en el round 2.


*La imagen corresponde a un carril bici de la ciudad de Eindhoven, al sur de los Países Bajos. Daan Roosegaarde ha diseñado cerca de un kilómetro formado por unas 50.000 "rocas" fluorescentes cuidadosamente colocadas para simular el diseño del cuadro La noche estrellada de Vincent van Gogh. Para ello se utiliza un material luminiscente que se carga durante el día y brilla por la noche. Para Roosegaarde es "como montar en bici a través de un cuento de hadas". Se pretende concienciar con este gesto acerca de lo chachi que es un carril bici (en condiciones).

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