Para ver el mundo en un grano de arena
y el cielo en una flor silvestre
abarca el infinito en la palma de tu mano
y la eternidad en una hora.
Augurios de inocencia, William Blake
Imagen: Miranda, de John William Waterhouse (1916)
Había llegado la noche y las estrellas centelleaban en el cielo del este, cuando los compañeros pasaron delante de la encina seca y descendieron la colina entre la espesura de los avellanos. Sam estaba silencioso y pensativo. De pronto advirtió que Frodo iba cantando en voz queda, cantando la misma vieja canción de caminantes, pero las palabras no eran del todo las mismas:
Aún detrás del recodo quizá todavía esperen un camino nuevo o una puerta secreta; y aunque a menudo pasé sin detenerme, al fin llegará un día en que iré caminando por esos senderos escondidos que corren al oeste de la Luna, al este del Sol.Y como en respuesta, subiendo por el camino desde el fondo del valle, llegaron voces que cantaban:
A! Elbereth Gilthonielsilivren penna mírielo menel aglar elenath,Gilthoniel, A! Elbereth!
Aún recordamos, nosotros que vivimosbajo los árboles en esta tierra lejana,la luz de las estrellassobre los Mares de Occidente.
El Retorno del Rey, J. R. R. Tolkien