miércoles, 6 de junio de 2012

Boicot al deporte

Es primavera. La Olimpiada está a punto de tocar su fin. Quedan cuatro meses para que comiencen los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Sin embargo, nada se oye del favorito para ganar la competición de tiro con arco o la de baloncesto. Nada se escucha acerca de sus cinco coloridas mascotas. Nada se dice de la ceremonia de inauguración. La palabra que más se repite estos días es “boicot”. Algunas iniciativas amenazan con arruinar el próximo evento olímpico con motivo de defender los derechos humanos en China, criticar a un Gobierno que oprime a sus minorías y apostar por una mayor apertura del régimen de Pekín.

Partamos de lo evidente. China viola los derechos humanos y desarrolla desde hace décadas un genocidio cultural sobre la provincia del Tibet. Aprovechando el gran escaparate mediático que suponen los Juegos, se pretende sacar a la luz internacional la situación del pueblo tibetano y sus reivindicaciones. Por eso se propone un boicot deportivo, de forma que los deportistas no acudan a las competiciones. Pero el Dalai Lama, máxima autoridad budista en el exilio, no defiende esta postura.

Es mucho el esfuerzo que un deportista olímpico invierte entrenando día a día. Cuatro años de sudor, sangre, lágrimas e ilusión que pueden acabar en nada como consecuencia de una decisión política. El boicot sólo serviría para castigar a los propios atletas. En la antigua Grecia las guerras, por cruentas que fueran, se detenían a causa de la llamada “tregua olímpica”. Antes, los Juegos Olímpicos hacían cesar las disputas. Ahora, con motivo de ellos, las reanudamos y las agitamos. El deporte no propugna esos valores. El deporte no debería mezclarse con la política.

Como ha declarado Bernard Laporte, el secretado de Estado francés de Deportes, "los juegos de Moscú fueron boicoteados y eso no hizo caer el Muro de Berlín". La alemana Ulrike Nasse-Meyfarth, bicampeona olímpica de salto de altura, renunció a participar en aquellos Juegos para protestar por la invasión soviética en Afganistán. "Soy una víctima del boicot olímpico de 1980. Por aquel entonces ya vimos que no servía para nada. El deporte debería separarse de la política", alegó la atleta.

Los chinos, por su parte, se sienten incomprendidos. Se muestran sorprendidos ante las campañas organizadas en contra de su Gobierno. La inmensa mayoría de la población apoya las reformas de los últimos años y está contenta con los derechos que se van reconociendo y la celebración de los Juegos. El boicot cuenta con su rechazo masivo, ya que, más que solucionar los problemas que denuncia, sería visto por los chinos como una falta de respeto y una muestra de incomprensión. Steven Spielberg abandonó su puesto como consultor artístico para las ceremonias de los Juegos, debido a la política china en Darfur. Tras la labor de la Administración Bush durante los últimos años, algunos se preguntan si Spielberg ha pensado en abandonar su país como medida de protesta por Guantánamo o la Guerra de Irak.

Es en el ámbito del boicot político a China donde hay que hacer presión. Todas las naciones democráticas del mundo deberían estar unidas, con el objetivo de exigir una resolución pacífica y transparente de la tragedia del Tibet y, por supuesto, que China respete los derechos humanos, termine con la censura y abogue por la libertad. Por lo tanto, que sean los dirigentes internacionales, y no los atletas, los que hagan política.


Almudena Galán



PD.: Esto que leéis aquí, evidentemente, no lo he escrito hoy. Ni ayer. Se trata de un trabajo, un análisis periodístico, que escribí en 2008 para Periodismo Internacional. Saqué una de las notas más altas de la clase, espero que os guste tanto como a mi profesor... porque os vais a hartar de Juegos Olímpicos en este blog. Ya no recordaba que fuera capaz de escribir cosas sesudas de estas...

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